Restaurando un Rico Pasado....

Particular de la efigie funebre del Conde
Giangaleazzo Visconti cuyo original está
en Pavía, Italia. Giangaleazzo era
bisabuelo de Ludovico Il Moro.
José G rave de Peralta, Instructor de
Dibujo de la Facultad de Arquitectura, y
el estudiante de arquitectura, Max
Zabala, con el busto de yeso del Rey
Francisco I de Francia
La Torre Medieval -- antes  y después de la restauración de su material de yeso laminado en oro.
Friso de yeso de un original mameluco del siglo 16

En una noche otoñal de 1499 el duque Ludovico Sforza “el Moro” huyó de Milán para siempre. Antes de abandonar su amada ciudad, frente a la inminente invasión francesa, se detuvo en la iglesia de Santa Maria delle Grazie ante la tumba de su joven esposa Beatrice, quien había muerto dos años antes, cuando estaba dando a luz a su tercer hijo. Se despidió de ella reviviéndola en su imagen funeraria donde parecía dormida. Parte de esa historia la guarda ahora celosamente la Escuela de Arquitectura de laUniversidad de Miami.

La idea surgió en el 2004 cuando UM se enteró que el Museo Metropolitano de Arte de Nueva York  iba a regalar unas figuras de yeso que tenía guardadas en sus almacenes”, dice José Grave de Peralta, instructor de dibujo de la Facultad de Arquitectura y director de este proyecto. Varias universidades de Estados Unidos, entre ellas Notre Dame en Indiana, habían sido elegidas para recibir parte de esta colección. La decana de la Facultad de Arquitectura, Elizabeth Plater-Zyberk, consiguió que incluyeran a la Universidad de Miami entre las seleccionadas para esta donación.

“Ella y el profesor de dibujo Rocco Ceo viajaron al Metropolitan  para escoger las 19 piezas, que llegaron en enero de este año, cuando yo me encargué del proyecto de restauración”, explica Grave de Peralta.
“La idea es regresar a lo que se hacia antes en las escuelas de arquitectura, tanto aquí como en Europa, cuando los estudiantes de arquitectura y pintura aprendían a dibujar fijándose en estatuas antiguas, como éstas que son copias de originales”.


El trabajo se hizo en tres partes: la restauración, la investigación sobre la historia de cada pieza y finalmente el montaje. “En la parte de la restauración trabajaron conmigo Max Zabala, un estudiante de arquitectura ecuatoriano que esta terminando su maestría en UM  y T. Jack Bagby, otro estudiante de postgrado que en estos momentos esta haciendo un semestre en Roma. Después Max quedo a cargo de la instalación y diseño de los pedestales y montajes de pared, con la ayuda de Peter Jensen, otro estudiante de posgrado”, aclara el instructor.

Una de las razones por las que Zabala se interesó tanto en este proyecto fue pensando en su tierra natal. “En Ecuador hay muchos edificios del siglo XVI y XVII que tienen elementos de yeso, como estatuas, frescos y  columnas. Quizás cuando regrese a mi país en unos años se me presente algún proyecto que involucre cierta restauración. Para mí esta experiencia significó aprender una nueva técnica que me puede resultar muy útil”. Según Grave de Peralta, cuando empezó a hacer la investigación de cada pieza encontró cosas fascinantes. “Estas figuras llegaron con una etiqueta que las identificaba. En algunos casos daban el nombre del personaje como Ludovico Sforza y su esposa Beatrice o Francisco I de Francia. Pero había otras que solo decían que eran islámicas o que pertenecían a la época de tal sultán. Empezamos a ver que las 19 piezas correspondían a dos grupos diferentes. Uno era un núcleo europeo que lo formaba la familia Sforza y el rey Francisco I. El otro grupo eran frisos islámicos que mayormente provenían de Egipto”.

Grave de Peralta y su grupo descubrieron además una similitud en el tiempo. Las figuras italianas y francesas eran de fines del 1400 y principios del 1500 y las islámicas venían de la época de los sultanes egipcios (de la dinastía de los Mamelucos) que vivieron durante todo el siglo XV. Había un paralelo. “Empezamos a investigar, además,  donde estaban los originales de estas piezas, no sólo para conocer su historia sino el material en que habían sido hechas. Estas piezas llegaron ennegrecidas por el hollín, como si fueran de carbón, por la suciedad de haber estado guardadas durante tanto tiempo. Queríamos saber como eran los originales para poder hacer algo justo a nivel de restauración”.  Descubrieron también la relación de Da Vinci con los Sforza, quienes fueron los mecenas de La Ultima Cena que pintó Leonardo en Milán. A la misma vez, el rey Francisco I había sido el mecenas del gran pintor durante los últimos anos de su vida cuando se lo llevo para su corte. “Leonardo tuvo su impacto en el renacimiento francés”, afirma Grave de Peralta. “En mi investigación empezó a surgir una especie de ‘Da Vinci Code’. Yo creo que siempre hay una historia detrás de las cosas, con un principio, un desarrollo y un final. Eso me llevo a pensar que la parte islámica debía de tener también su cabeza, su cuerpo y sus pies”.

El pilar de yeso de la fuente bautismal de Jacobo della Quercia que restauró  el estudiante de arquitectura,
Max Zabala
El Centro de Arquitectura  Jorge M. Pérez de
la Universidad de Miami, donde se celebró la
exhibición el 24 de octubre, de 2006
Vista parcial de la Galeria con la estatua del rey Francisco I de Francia

Grave de Peralta se propuso conocer ese mundo islámico del siglo XV que desconocía. “Cuando alguien menciona a Egipto generalmente se remonta a la época de las pirámides y de los faraones, pero se
pasa por alto toda la época medieval islámica egipcia. Empecé a investigar y descubrí que los sultanes que gobernaban a Egipto en el siglo XV, es decir, los Mamelucos, formaban una dinastía que hizo muchísimo por su cultura a nivel de arquitectura, dibujo iluminado, literatura, ciencia y tecnología, como en Europa se estaba haciendo en esa época renacentista”. El instructor de dibujo convertido en restaurador se dio cuenta que les habían donado una serie de piezas de un renacimiento que surgió en ambos continentes al mismo tiempo. “Inclusive la peste bubónica impactó tanto a Egipto como a Europa porque estaban conectados por el mercado de las especias de esa época. Egipto era el punto obligado de parada para los genoveses y los venecianos que iban a Oriente a buscar especias. Egipto floreció en esa época y dejó un legado renacentista a su manera por el dinero que le entraba a partir de ese comercio”.

Grave de Perlta enfatiza la comunicaciónque existía entre los dos mundos. “Los sultanes les mandaban a los reyes y duquesde Francia e Italia no solo textosdesconocidos en Europa sino jirafas yelefantes como regalo”.Por su parte, Zabala piensa que las piezasde ambas culturas son muy interesantes,pero dice preferir las del renacimientocristiano.”Una de las piezas en la que másme esmeré fue la fuente bautismal. Empecéa buscar su historia, porque no teníamos sulugar de origen sino solo el artista que lacreó, Jacopo della Quercia (1374-1438).Gracias a él encontré la fuente, que es demármol y se encuentra en el Baptisterio deSiena, Italia. Nosotros creíamos tener todala fuente y resulto que solo teníamos unapequeña parte de una obra muy grande”.Zabala entiende que muchas de estaspiezas no solo son útiles sino objetospreciosos. “Para mi es arte empotrado en laarquitectura del lugar. Esto para mí esimportante porque la arquitecturamoderna ha llegado al punto en que sequeda con las cuatro paredes desnudas yun techo, pero yo pienso ahora que unapared, una columna, un ángulo de apoyopueden ser preciosos y a la vez cumplir unpapel utilitario. La arquitectura modernase puede llevar a un nivel más bello”.Grave de Peralta, por otra parte, estáenamorado del proyecto en su totalidad,no solo del aspecto cristiano, al ver launidad que forman ahora todas las piezasinstaladas, aunque hayan llegado delugares muy distintos que a vecesestuvieron en guerra. “Estos sultanesmusulmanes surgen en el siglo XIIIjustamente cuando las cruzadas y fueronenemigos de los cristianos muchas veces.En el siglo XV, por ejemplo, cuando loscristianos tenían que pasar por Alejandríatenían que usar una insignia que losidentificara como cristianos, como los nazishicieron después con los judíos. Había suenemistad, pero cuando yo entro en estagalería lo que veo en estas piezas esarmonía, convivencia”. El restaurador serefiere a la relación que ve entre unarabesco abstracto islámico y una hoja deroble que aparece en un ángulo de apoyocristiano. “Ambos están hablando de lamisma cosa, de la belleza de la forma en sí,de cómo la repetición crea una formanueva que puede ser intelectual, estética yfuncional a la misma vez. El arco góticocristiano y el arco gótico musulmán, porejemplo, son como primos hermanos”. Esaépoca de gran intercambio entre los dosmundos, tanto de guerras como de paz,engendro la influencia entre ambasculturas. “No hay que olvidar que el sigloXV es la época que nos dio  Las mil y unanoches, los cuentos que tanto han influidoa Oriente y a Occidente”.  A Ludovico Sforza y a su esposa Beatricelos separó la muerte. “El mandó a esculpiren su tumba la figura de ella y la de él”,explica Grave de Peralta. “Nosotrostenemos aquí las impresiones de esasesculturas, que a su vez son impresiones depersonas que vivieron un día. La personaviva esta en la misma relación a su estatuaque la estatua con la impresión de yeso quepodemos ver aquí. Tocar estas impresionesde yeso es como tocar a las personas reales”.Curiosamente, la tumba de los Sforza estáen la iglesia de los cartujos de Pavía, en lasafueras de Milán y resulta que una de lascalles más cercanas al edificio donde selleva a cabo la exposición aquí en laUniversidad de Miami se llama Pavía. “Escasi como si los huesos -- en este caso deyeso -- de estas piezas hayan venido a unanueva cartuja, a un nuevo mausoleo adescansar, para que las personas quequieran ver esa dimensión puedan tocar loque puede ser un camino para llegar a lospersonajes reales que vivieron cientos deaños atrás”.