" Una ciudad sin estatuas"         

El otoño llega a Roma sin los estrepitosos huracanes de Miami. Un domingo hace poco en los Jardines Borghese, un numeroso grupo de citadinos hacían picnic o montaban “multicicletas” con sus familias, disfrutando del sol y del fresco otoñal en las colinas de estos elegantes paseos romanos. En el laguito del Templo de Escolapio, mítico dios griego de la salud, un grupo de papás remaban con sus hijos entre los patos y tortugas que también chapoteaban alegremente por ahí. Coronando, pues, el lago,  se veía dicho templete, obra de Antonio y Mario Asprucci de fines del 1700 – verdadero capricho o invento clásico, muy posterior a las épocas remotas del legendario doctor heleno.  No muy lejos del pequeño templo, siguiendo el mismo viale o camino de Escolapio, un coro de los célebres pinos romanos sirve de fondo y amparo a uno de los tantos espacios escultóricos del parque, cobijando en su sombra la estatua del autor ruso Alejandro Pushkin (1799 – 1837) y otras dos de próceres de independencia latinoamericanos, el colombiano Francisco de Paula Santander (1792 -- 1840) y  José Martí (1853-1995). Bueno, en el caso de Martí, la palabra escultura  es un decir, ya que su monumento es más bien una tarja o lápida desnuda, plana y sobria, que se limita a exhibir una cita suya, tal vez del libro Nuestra América, elogiando al líder del Resurgimiento Italiano en contra de los franceses, Giuseppe Garibaldi (1807-1882). Reza así, pues, la inscripción lapidaria en italiano:

José Martí – héroe nacional del pueblo cubano – dijo en memoria de  
Giuseppe Garibaldi:  un corazón hay en Europa, grande y ardiente, 
tan  capaz de abrigar todo el dolor y el placer del hombre y de 
engendrar un acto heroico o sentimiento generoso como la madre 
engendra  al  hombre.  La libertad y la patria humana tuvo un hijo en 
Garibaldi.   New York, 19 de abril 1881.

                       
Como desconozco las particularidades de este regalo que según explica la piedra hiciera la municipalidad de La Habana, seguro a nivel diplomático, a Roma en el 1982,  me limito a comentar el diseño tan severo del mismo – y la total ausencia en dicho diseño, de la figura humana.  

     

¿A quién se le ocurriría no aprovechar la excelente ocasión de poder exhibir la inconfundible cabeza y el bigote de ese cubano universal en lugar tan prominente de Roma? Sin duda, algunos de los célebres pinos tan queridos del músico Ottorino Respighi que circundan ese rincón de los Jardines Borghese, por donde otrora se pasearon Escipión y, luego, Camilo Borghese, Deben  de haberse extrañado al ver la estela cubana ocupar su lugar de modo tan des-carado, o sea, no-figurativo, en una ciudad como Roma donde abundan las estatuas. Es más, esta era la segunda vez desde mi llegada hace apenas un mes a la Ciudad Eterna con un grupo de estudiantes de la carrera de arquitectura, que el tema de la figura humana y las estatuas – o su ausencia – como elemento esencial en el paisaje urbano, me salía al paso.

En fin, a esta coincidencia o insistencia se debe este artículo.

Me explico.  En ciudades como Miami, para ver una estatua, hay que irse a los Jardines de Vizcaya o tal vez pasar por la colonnata redonda del Ayuntamiento de Coral Gables con su escultura de George Merrick. Fuera de Coral Gables o de la mencionada villa de James Deering en la bahía, son pocos los lugares que coronan los techos o suelos de su arquitectura con una figura humana. Aquí en Roma, en cambio, es casi insólita la calle, el puente, o la esquina que no luzca un genio alado de la época imperial o uno de esos santos sensuales de Gianlorenzo Bernini o sus seguidores. Es tan fuerte la presencia de la figura en el paisaje romano, que cuesta trabajo imaginarse el Puente de San Angelo cruzando el Tiber -- sin estatuas - o la misma columna de Trajano cerca del foro sin la figura de San Pedro encima. ¿O quién, por ejemplo, se imagina la plaza del Campidoglio allá en su loma romana sin el bronce ecuestre y solitario de Marco Aurelio en su mismo centro?            
 

Miami, urbanísticamente moderna y norteamericana en este sentido, es un himno (hecho de vidrio, cromo, y cemento) a la figura ausente. En torno a sus edificios, abundan los anuncios de neón, los billboards, y los letreros pintados, pero poco o nada más. Lo nuestro en Miami son la pared y los espacios abiertos, desnudos, o al menos no-figurativos, como dicen los críticos del arte hablando de la pintura o del cuadro abstracto. Pudiera hasta decirse que existe un rechazo general de la figura humana, parecido al de la tarja martiana de los Jardines Borghese, no sólo en términos de la estética urbana contemporánea, sino además en la manera que se enseña actualmente la arquitectura. Como me decía recientemente un colega de dicha facultad en la Universidad de Miami, “La arquitectura, José, es una cosa. Y la figura humana es otra". "Roma", apuntó este mismo profesor, "es el monumento y museo arquitectónico más grande del mundo. Por lo tanto, el estudiante que viene a estudiar aquí lo que debe hacer es dibujar edificios, ¡no tomar clases de dibujo de la figura humana!"

Mi colega prosiguió iracundo : “¡El estudio de la figura humanaes interesante,  pero yo te aconsejo que dejes esos ejerciciospara Miami, donde hay pocos edificios importantes a nivel de arquitectura!” En fin, cuando traté de rebatirle su ortodoxia moderna a este arquitecto mencionándole los cuadernos y dibujos arquitectónicos de Da Vinci, Miguel Ángel, y de Borromini, entre otros, mi amigo se volvió irónico, y me dijo: “Eso lo que produce son pretty pictures, cuadros bonitos. Te deseo buena suerte produciendo, como profesor, tus miguelángeles y berninis durante tu semestre en Roma!”  Por supuesto, pero ¿qué serían hoy Roma o Florencia-- como ciudades "arquitectónicas" sin la escultura del David?  Ya se sabe que Miguelangel produce esta estatua para animara los florentinos desde uno de los nichos externos del Duomoa unirse en contra de las fuerzas tipo Goliat, o "gigantescas”,de los Visconti que amenazaban a la ciudad toscana en el 1400.  Pero yo creo que  ahí no termina la cosa.

También se puede pensar en la Piazza de San Pedro del Vaticano.  ¿Cómo se vería ésta sin su colonnata orlada de santos y profetas? O, incluso, el monumento a la Paz (Ara Pacis) del emperador Augusto sin las figuras en procesión de su familia en ese famoso altar, hoy dentro del controversial edificio moderno del arquitecto norteamericano Richard Meier?  Hay algo en la estatua que hace presente de un modo especial, obviamente más personal, el momento urbano -- bien sea en una tarja como la de Martí en el Borghese o en una fachada. Así lo asegura en sus diez libros de arquitectura el romano Vitrubio (80 B.C. –  25 B.C.). Lo mismo el renacentista León Bautista Alberti (1404-1472), quien dice que la estatua en el nicho o balaustrada de un edificio establece una relación de conexión o empatía entre el espectador y el edificio. Alberti afirma que una bella estatua, por medio de sus gestos -- sobre todo gestos heroicos o nobles -- hace que el palacio o templo surtan una especie de efecto teatral en la ciudad. La figura humana en el paisaje urbano, pues, puede crear mucho más que un pretty picture.  Es más, a nivel monetario y moderno, ¿qué sería de la gigantesca industria de turismo en Italia, si las estatuas brillaran por su ausencia 
aquí, como en el mencionado monumento anicónico --- sin imagen -- de José Martí en los Jardines Borghese? Ni hablar de los beneficios para el dibujante de la figura humana, desnuda, en movimiento, a manera de croquis gestuales. En un mundo cada vez más digitalizado y virtual, el restablecimiento del dibujo de este género, a mano, en la educación o pedagogía tiene una importancia enorme para el futuro de nuestras ciudades y de nuestra calidad de vida. Pero todo esto es tema para otros ensayos.              

 

 

 

 

 

 

 

En   Las aventuras de Alicia en el País de las Maravillas (1866), hay un momento donde la famosa protagonista de Lewis Carroll ve desaparecer delante de sus ojos -- casi por completo -- a su amigo el gato de Cheshire. Pero cuando se fija bien en lo que sucede en ese momento, no solamente escucha la voz del felino, sino que ve dibujada en al aire la enigmática sonrisa del mismo.  “¡Vaya cosa!", dice la heroína, " . . . Estoy cansada de ver gatos sin sonrisa, ¡pero una sonrisa sin gato! ¡Es la cosa más rara que he visto en toda mi vida!”

                       

Aquí en Roma, ciudad hoy en día, por cierto, no tan llena de gatos como antaño, pero sí de estatuas, viene al caso la frase de Carroll. Tanto para los lectores de José Martí como para los  arquitectos en ciernes, acaso caminando domingueramente por los Jardines de Escipión Borghese, la frase del país de las maravillas flota en el aire. Es más, a pocos metros de la lápida martiana, se luce dignamente el Perú con una estatua del siglo 20, casi cubista, moderna, del Inca Garcilaso de la Vega (1539-1616), cuyo texto identifica al escritor de Los comentarios reales y de La Florida del Inca, diciendo:

Escritor peruano,

ilustre en sangre,

perito en letras,

valiente en armas.

Nació en el Cuzco

que fue otra Roma

en aquel imperio.

Murió en Córdoba de España.

 

 

Las palabras, y la estatua, por cierto, de gesto orgulloso y casi amargo, pero noble, hablan por sí solas. E invitan a un futuro gobierno y por supuesto a un escultor de la Ciudad de La Habana a que “engendren”,  como el citado corazón de Garibaldi, la figura en piedra del hombre que le haga honor con más que una triste lápida a ese bello rincón de los Jardines Borghese en Roma.

 

Foto de la lápida de Martí en los jardines, y de la estatua de Francisco de Paula Santander (al fondo)

Hoja de croquis del desnudo hechos

por uno de mis estudiantes de la

facultad de arquitectura de Miami,

cuando yo dictaba clases de Dibujo

allí

 Estatua del Inca Garcilaso de la Vega 
en los Jardines Borghese de Roma

Dibujo a lapiz de mi cuaderno de viaje, del Templo de ESCOLAPIO en los Jardines Borghese de Roma.

 

El templo o templete es en realidad un "capricho" arquitectonico, remedando una ruina, que, pareciendo antigua y griega, fue construida  ya en los 1790s al lado de la laguna para darle un aire romantico y legendario al lugar.

Vista fotografica del lugar en los Jardines Borghese donde se encuentra el monumento a Jose Marti.

Monumento "anaconico" o sin estatua.

** Momento de los Jardines de Vizcaya en Miami con estatua del dios Dionisos**
                                         ....dibujo del autor